Fiesta de Chacarrá

A lo largo del año se suelen celebrar en los diferentes núcleos de población rural que se extienden desde Tarifa hasta Zahara de los Atunes (Barbate), las llamadas "fiestas de chacarrá", sin necesidad de que haya ninguna razón institucional o eclesiástica para ello, únicamente el deseo de vecinos y familiares de reunirse y compartir un rato de convivencia en torno al cante y el baile del "chacarrá", un fandango propio de la zona, también conocido como Fandango de Tarifa.

A lo largo del año se suelen celebrar en los diferentes núcleos de población rural que se extienden desde Tarifa hasta Zahara de los Atunes (Barbate), las llamadas "fiestas de chacarrá", sin necesidad de que haya ninguna razón institucional o eclesiástica para ello, únicamente el deseo de vecinos y familiares de reunirse y compartir un rato de convivencia en torno al cante y el baile del "chacarrá", un fandango propio de la zona, también conocido como Fandango de Tarifa. 

A lo largo del año se suelen celebrar en los diferentes núcleos de población rural que se extienden desde Tarifa hasta Zahara de los Atunes (Barbate), las llamadas «fiestas de chacarrá», sin necesidad de que haya ninguna razón institucional o eclesiástica para ello, únicamente el deseo de vecinos y familiares de reunirse y compartir un rato de convivencia en torno al cante y el baile del «chacarrá», un fandango propio de la zona, también conocido como Fandango de Tarifa. 

Hasta aproximadamente la década de los sesenta del siglo XX, la población rural era muy significativa y se encontraba agrupada en numerosos núcleos de población distribuidos en cortijadas, caseríos, diseminados, etc. Sus habitantes eran jornaleros y pequeños agricultores y, durante la época de recogida del trigo, también cuadrillas de segadores llegados desde distintas partes de Andalucía para trabajar los campos, principalmente desde las vecinas provincias de Málaga y Granada. 

En este entorno rural y hasta donde llega la memoria de los mayores del lugar, los ratos de diversión después del trabajo, así como las fiestas señaladas de las diferentes cortijadas, principalmente Cruces de mayo, romerías y ferias, giraban en torno al cante y el baile del «chacarrá» un fandango campero, esencialmente bailable, propio de la campiña tarifeña, que suponía el medio de diversión más extendido. Tanto si se trata de las llamadas «fiestas de chacarrá» como si hablamos de los acontecimientos festivos anuales en los que hace su aparición el fandango tarifeño, los preparativos son muy escasos. 

En las primeras, al tratarse de acontecimientos prácticamente improvisados y cuasi espontáneos, no existe preparación alguna, a parte de un mínimo engalanamiento propio para la ocasión principalmente por parte de las mujeres, como pueda ser una flor en el pelo y quizás un mantoncillo o pañuelo bonito sobre los hombros o el cuello. En los segundos, al tratarse principalmente de ferias y romerías, la estética es la usual en ese tipo de acontecimientos: traje de flamenca, mantoncillo y flores en el pelo, para las mujeres, y chalequillo y sombrero cordobés, los hombres. 

Sin embargo y a pesar de que ésta sea la indumentaria propia de los mencionados rituales festivos, cabe decir que por lo general los grupos de chacarrá existentes en la comarca, no cuentan con un traje típico y la decisión de vestir «de flamenca» o «de romero»es personal y no tiene mayor repercusión en el desarrollo de la fiesta. Pero además de estos encuentros «oficiales» por así decirlo, también se mantienen, en las mismas localidades anteriormente señaladas, las propiamente dichas «fiestas de chacarrá» o «fandangazos» (así llamadas por la cantidad de fandangos que se cantan en esas reuniones). 

Se trata de reuniones más o menos espontáneas, que con mayor o menor intencionalidad se escalonan a lo largo del año y que tienen lugar, a diferencia de las anteriores, en el ámbito de lo privado y sin que necesariamente haya un acontecimiento o circunstancia festiva que lo justifique, aunque por lo general siempre se festeja algo, ya sea la ocasión de una matanza, una comida familiar, un encuentro entre vecinos, etc. En estos contextos, primero suele tener lugar la coincidencia de los actores en un espacio concreto de socialización y posteriormente surge la fiesta. El «chacarrá» suele cantarse por rondas, por lo general los participantes se sitúan en corro a fin de que quienes vayan a bailar salgan al centro del mismo, ya sea solos, en pareja o en trío. 

Dentro de la misma ronda, cada uno de los cantaores dice su letra y da paso al siguiente. Los textos que se cantan mezclan versos improvisados con otros populares, insertos en la tradición oral del colectivo, sin que esto suponga una valoración más positiva de unos que de los otros. Pues tanto la capacidad de improvisación como el hecho de sacar a colación una letra «tradicional» o atribuída a algún intérprete destacado, son aptitudes muy apreciadas por todos los presentes.

 

Fuente:  Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico